Boda en el Balneario de Panticosa de María y Álvaro

¿Que más se puede pedir de una boda en el Balneario de Panticosa? ¡Novios como María y Álvaro!

Es delicioso poder disfrutar del aire puro, los colores del bosque y de las rocas, el agua transparente y limpia, las noches fresquitas que hacen que duermas como un niño… Es algo regenerador para nosotros, fotógrafos de boda que solemos enfrentarnos al duro calor del valle del Ebro.

Todo tiene una chispa especial en el Balneario de Panticosa.

El sol entra con ganas a la hora de la boda e ilumina generosamente la (blanca) capilla de Nuestra Señora del Carmen, que es una fiesta para nuestras cámaras.

¿Has visto como quedan las flores de Boogaloo Vegetal? Creo que hicieron un trabajo extraordinario, preocupándose además al final de la ceremonia de colocar las flores detrás de los grupos de invitados que fotografiábamos. ¿Y el ramo de María? soberbio.

En la habitación de María casi no se cabía. Ella, su hermana y su cuñada, además de la madrina y de su madre dejaban hacer al experto equipo de Rebeca Sanjuan que estuvieron impecables, como siempre.

María se puso un vestido de Otaduy y unos zapatos de Franjul. El velo, que también era de Otaduy iba sobre un tocado de su abuela que le arreglaron en Boogaloo.

Ambas madres llevaron vestidos de Ángel Lecumberri.

Álvaro, por su parte, se vistió en Justo Gimeno y los vestidos de las niñas de arras de La Bubé.

Todo fue una maravilla ese día y a nosotros nos costará olvidarlo… no queremos hacerlo.